Jueves. Tengo que ir a la oficina pero ¿por qué estoy mareada?

¡Dios! No ha sido un sueño. ¡Qué fuerte! ¿qué pasó ayer? ¿hice algo más de lo que me acuerdo? ¿dije algo de lo que voy a arrepentirme? ¿le gusto a ese chico? ¡Dios!

Me pego una ducha para despejarme, me visto y me voy a la oficina.

En el trabajo estoy entretenida aunque miro el móvil compulsivamente. Suena. Es Nicolás.

-Hola, ¿Qué tal golfilla?- encima hace bromas!!

-Bien, no había nadie, nos volvimos pronto, en realidad fue un rollo, no se para qué salí.

¿tú qué tal?

Bla, bla, bla.

Puf, prueba superada. Y hablando de pruebas, el domingo tenemos la prueba del menú. Madre mía, me va a dar un ataque. Y no dejo de pensar en Raúl y en sus besos mientras decido si de entrada ponemos ensalada de bogavante o la crema de caza.

Menudo momento elegí para echar una canita al aire!!!

A media tarde me doy cuenta de que le di mi número a Raúl y no ha llamado ni nada. Doy por hecho que dije algo inoportuno, es lo que me pasa siempre. Paso la tarde vagueando y viendo fotos de Nicolás a ver si me animo… nada. A las nueve decido que lo mejor es llamar a Raúl para ver que tal está él.

-¿qué pasa guapa? Ya es hora de que des señales de vida.

- pero si tú no me has llamado.

- anda, si te he mandado un mensaje.

- pues no me ha llegado, te daría un número falso para no volver a verte… jeje.

- te lo he mandado al 696…

-¡Qué!!! Es el número de Nico!!!!!! ¿Qué has puesto?

-¡Estas pirada! me diste el número 696xxxx98, pero no he puesto nada solo: ¿qué tal la resaca?

-¡uf, si, menos mal, te di el número mal!

- ¿Qué?

- una mezcla entre el suyo y el mío. Estaba muy perjudicada.

- Eres rara.

Pues si que podía haberla liado, por un momento casi me da un ataque. Menos mal que todo quedó en nada al final.

¿Qué voy a hacer ahora? Sigo con lo del menú hasta quedarme dormida.