Por fin es viernes pero no tengo plan. Como cada fin de semana cojo el petate y me voy a casa con Nicolás. Me llama Tamara, vecina y amiga, para ir a tomar algo. Ella también vive en casa con su novio y a él tampoco le apetece salir. Conseguimos el plan perfecto: los chicos se juntan en mi casa y se quedan jugando a la Play y nosotras nos vamos a tomar algo en plan tranqui.
Le cuento a la nena todo lo que ha pasado. Alucina.
- no se lo cuentes nunca.
Creo que es el mejor consejo. Cambiamos de tema para no comernos más la cabeza. Llega un mensajito.
- mira, por fin se vienen estos- dice Tamara.
Pues no. Madre mía. Es Raúl!!
BNS NIÑA DONDE ANDS? LO PASE MUY BIEN EL OTRO DÍA. BSS.
Esto era lo último que me esperaba. Un rollito es un rollito y tiene que quedarse ahí. Pero lo cierto es que me ha hecho muchísima ilusión y que realmente me apetece verle. Besarle.
- voy a llamarle. Ahora vuelvo.
A los 20 minutos aparece en el bar. ¡qué mono!
Mis sentimientos están a flor de piel. Es demasiado tierno, demasiado atento.
Esto no me lo esperaba.
Despierto en la cama con mi novio de toda la vida pero no le reconozco. Es como si llevara años sin verle, sin tocarle, sin besarle. Me siento mal de estar con él en la cama. Me voy a desayunar sin esperar a que se levante. Cuando por fin aparece ya llevo más de una hora despierta, pensando, dándole vueltas a todo lo que ha pasado estos últimos días, estos últimos años. La casa, los planes de boda, la vida en común, el futuro.
Todo estaba organizado, el viaje, la comida, incluso teníamos pensado tener dos niños lo antes posible. Pero ¿es eso lo que yo quiero? ¿esa estabilidad es lo que estoy buscando?
Siento vértigo. No se cómo explicar todo lo que pasa por mi cabeza. Recuerdo el consejo de Tamara. Madre mía, me siento mareada. No quiero pasar a la estadística de esas parejas que se divorcian en el primer año de casadas, o aún más, no quiero que para salvar la relación digamos, bueno, pues a por el niño, como nos pasó con el piso. No, no quiero eso. Quiero sentir la ilusión de una novia que está a punto de casarse con el amor de su vida y yo, por desgracia, no siento nada.
Por fin tomo fuerzas para hablar.
-Algo no va bien. Todo este tema me está desbordando.
-Son los nervios de la boda, cuando estés viviendo aquí todo se habrá terminado y nos irá bien.
- Ha llegado una carta del banco, estamos en descubierto.
Ya se que no se deben mezclar los temas pero también era importante el tema económico, andamos super pillados y a él no parece importarle. Madre mía, ni siquiera le he dado un beso de buenos días, el tampoco se ha acercado a darme uno a mi, ahora que lo pienso me doy cuenta de que anoche tampoco le besé, ¿Cuánto tiempo llevaremos así, sin darnos cuenta?
- Por cierto, buenos días, que no me has dado un beso…- le digo, intentado ponerme mimosa.
- Vale- me da un beso relámpago de labios resecos que sólo me sabe a tabaco.
- Cariño, creo que lo mío no son nervios por la boda. Hay algo más que no me deja respirar.
- Bueno ya hablaremos.
¿ya hablaremos? ¿Cuándo? ¿qué hay más importante? Para mi nada. Para no cabrearme más me visto y me voy a comer tranquilamente a casa de mis padres.





EL problema que tienes no es la relación con tu "casi-esposo", el problema, según lo que leo es la MONOTONÍA. A veces planearlo todo no es lo mejor, el factor misterio es de gran importancia en las relaciones. Busca un tiempo para irse de la ciudad, viajar, conocer sitios nuevos o lo que sea para salir del típico "dia a dia".
SUERTE!
Si, tienes razón. La monotonía puede con nosotros. Me da miedo pensar que siempre pueda pasar lo mismo. Estoy hecha un lio pero me gusta escribir en el blog por que al escribirlo repaso lo que está pasando y lo veo más claro.