Después de unos días recibiendo mensajes de mi chico me di cuenta de que eso no era lo que quería, no me llenaba en absoluto, al contrario, cada vez que recibia algún mensaje cariñoso me sentía peor porque me daba cuenta de que ya era tarde.

Esperé demasiado tiempo a decirle lo que estaba pasando y ahora aunque se esforzara ya era tarde. Era tarde para hablar de amor, de futuro. Mi alma ya no sentía nada. Fue un error por mi parte intentar solucionar las cosas sola Y dejar que el tiempo pusiera las cosas en su lugar, pero claro, de eso me doy cuenta ahora, ahora ver las posibles soluciones es fácil.

Podría haber hablado antes con él, haberle dicho las cosas claramente.

Podría haber forzado un cambio en su actitud.

Podría haberme ido a vivir con él.

Podría, podría... pero ya es tarde.

Por eso quedé con él y le dije que ya no intentará más reconquistarme, que eso sólo nos hacía más daño a los dos, que era lo mejor, se lo dije y al decirlo lloraba pero me sentía más tranquila, me sentía como si tomara las riendas de mi vida que en algún momento había dejado de controlar.

Esto sucedió una semana antes del puente de mayo (si, escribo con mucho retraso)

y esos días casi no nos vimos ni hablamos, unicamente para hablar de cosas de la anulación del banquete y la venta del piso.

Y llegó el puente y me fui con una amiga, mi hermana y mi cuñado a Málaga para desconectar de todo y tomar aire fresco. Y allí estaba yo en el hotel tirada en la piscina tomando el sol cuando veo al fondo a un chico con un ramo de flores. Sí, era él. No podía creermelo, no sabía que hacer. Llegó hasta donde estabamos y yo ya estaba de pie esperando, le di un beso en la mejilla y nos fuimos a la terraza del hotel para hablar. Ese acto tan impulsivo no era nada propio de él, le habría tenido que costar muchísimo dar el paso y ahora yo no sabía como reaccionar, como compensarle por el esfuerzo que estaba realizando por mi. Por eso sólo pude decirle la verdad.

- Muchas gracias por hacer esto cariño pero ya es tarde.

Fui fria y directa lo se y me arrepiento, me arrepiento de no tener más sensibilidad pero no me salían las palabras. Se quedó muy mal, aunque lo esperaba, según dijo, pero tenía que intentarlo. Dijo que no podía quedarse con la duda de no haber hecho todo lo posible y que a partir de ese momento sería yo la que marcaría el ritmo y la que diría si volvemos o no.

Lo cierto es que esa era la muestra de amor que necesitaba pero a pesar de todo me di cuenta de que no podía volver con él sólo por eso, asique como ya estaba allí y su tren no volvía para madrid hasta las 5 pues nos fuimos a comer juntos, por los viejos tiempos. Y allí, con el mar al fondo, después de comer y hablar, de reir y de llorar: le bese. Volví a besarlo porque necesitaba saber si mi cuerpo sentia algo pero no, no sentía nada, fue un beso triste, el beso del final. Él lo sabía y yo también.