Ayer me desperté bien. Sono el despertador pero no estaba perezosa ni nada, la noche antes había estado cenando con Raúl y lo habíamos pasado muy bien juntos. Además por fin hacía calorcito!

En el metro, de camino al trabajo iba pensando en que por la tarde llamaría a alguna amiga para irnos por ahí de compras y a marujear un rato, pero al llegar al trabajo y abrir mi correo me encuentro un mensaje de Nicolás con una canción de esas deprimentes que suenan ahora por la radio, no recuerdo cual era o, más bien, no quiero recordarlo. El caso es que le llamé para ver que tal estaba y trasmitirle un poco de energía positiva. Finalmente quedamos para comer juntos con la excusa de que me tenía que devolver las llaves del piso y darme el regalo de mi hermano, que fue su cumple hace unos días.

Vino a buscarme al trabajo, a mi me dio por pensar que era curioso que ahora que no somos novios me viniera a buscar porque antes no venía nunca, vamos que en dos años sólo vino una vez, pero bueno eso ya no importa demasiado, ¿o si?, seguí pensando en que la última semana que estuvimos juntos tuvo el viernes libre y tampoco pudo venir a buscarme, y seguí pensando y me iba cabreando y mi energia positiva se estaba esfumando por momentos.

Cuando le vi, la verdad es que estaba guapo, con barbita de tres dias y las gafas de sol. Sí, estaba guapo, para que negarlo. El saludo fue extraño, tengo que pensar en darle dos besos, girar la cabeza, son detalles tontos pero fundamentales. Nos fuimos a buscar una terracita tranquila y ya sentados la verdad es que la conversación fue animada y se me pasó un poco el mosqueo que yo misma me había provocado por darle vueltas al coco.

Tan animada estaba la conversación que a lo tonto ya ibamos por la tercera cerveza. Terminamos la comida y nos pusieron un licorcito y yo, ¡hala, sin pensar! Es que me lo bebo todo últimamente, y ya me empiezo a dar cuenta de que la cosa se estaba alargando demasiado, demasiado buen rollito, asique le digo que ya es tarde y que tenemos que irnos. Sí, fui muy brusca, pero empezaó a darme mal rollo de repente. Y él sin moverse. Y yo que empiezo a ponerme borde. Y ya por fin consigo que se levante y le llevo arrastras al metro. La despedida fue peor que el saludo, otra vez esos dos besos forzados, quiza lo mejor sería despedirse con la mano, con un saludo, que se yo, creo que el alcohol me desconcertaba.

Y ya por fin sola. No quiero ir a casa. Me pongo a andar calle abajo hacía mi casa y hago ronda de llamadas buscando a alguien que quiera aguantar mi rollo. Estaba tan ñoña que ni yo misma me aguantaba. Y llamo a mi amiga Zaida y está en un curso y no salía hasta las 9. Y llamo a Raúl me dice que ahora me llama. Y llamo a Emma y no me lo doge. Y llamo a Ivan y se va a jugar al futbol. ¡Joder, el mundo está en mi contra! ¡yo solo quiero una cerveza!

A la hora me devuelve la llamada Raúl:

-¿qué pasa?

-Ya nada.- respondo en plan borde.

-¿qué haces?- el chico es parco en palabras.

-Andar- entonación más borde -Es que me apetecía tomar una caña y era por si estabas por aqui. Es que he quedado con Nico y bla bla bla bla, bla bla bla, bla bla...- menudo rollo le solté en un minuto. A mi es que me sobran las palabras. Y cuanto más hablaba más sabía que me tenía que callar, pero claro una vez dicha una cosa tenía que decir otra para arreglarlo, arreglar que, yo que se, pero en ese momento me parecía que tenía sentido.

Finalmente no quedé con nadie. Llegué a mi casa y a las 11 ya estaba durmiendo.

Menuda mierda de día, con lo bien que había empezado.

MORALEJA: Como dice cocacola "No bebas para olvidar, bebe para disfrutar"

(ver blog valvuladescape)