El jueves quedé a comer con Nacho, el chico que conocí hace diez años y que me volví a encontrar en Conil. Fue un fracaso.
Me mandó un mensaje el miércoles:
SALGO AHORA DE LA PISCI, PARECE QUE YA ME VOY RECUPERANDO DE LA FIESTA QUE NOS METIMOS EN CONIL. RECUERDA QUE ME DEBES UNA ENSALADA.
Yo le respondí:
VALE, PREPARO UNA ENSALADA BIEN RICA Y SI ME INSPIRO A LO MEJOR HASTA PREPARO ALGO DE SEGUNDO, JEJE! QUE TE PARECE SI COMEMOS JUNTOS EL JUEVES?
Quedamos en eso.
El miércoles me fui a la compra y compré todo lo necesario para preparar una ensaladita bien rica. Pensé que como tenía pollo en casa, eso sería lo que pondría de segundo y de postre crema de chocolate. Así que cogí todas las cosillas y me fui para casa pero al abrir la nevera me di cuenta de que el pollo estaba congelado, y mi tarde de cocinear se quedó en nada. Y en vez de pollo a la cerveza preparé el postre y pensé que al día siguiente ya se me ocurriría algo. Pero no se me ocurrió.
Y llegó el jueves: la cita.
Llegué tarde, que esto no está mal del todo porque solo fueron 10 minutos de retraso. El problema es que llegue tarde porque me puse mal de la tripa, no se si por los nervios o por que pero se me revolvió el estómago, esto ya me estropeó todos mis planes, porque me pone nerviosa llegar tarde y nerviosa no pienso con cordura.
Me fui a buscarle. Cuando llegué Nacho no estaba ¡llegaba más tarde que yo! No, estaba en el cajero sacando pasta. Por fin le veo aparecer, me acerco, me sonríe y me da un pico. Bueno, empezamos bien. Como no tenía comida preparada pues propongo irnos a comer por ahí pero pasamos por cuatro restaurantes de la zona y ¡todos estaban cerrados por vacaciones! ¡joder, no había pensado que estamos en agosto! Puff…
Ya pasaban las tres y si subíamos a casa y preparaba algo de comer nos iban a dar las cuatro, mi cerebro iba a trompicones, ví la pizzería de en frente de casa y pensé que esa era mi solución. Pedimos una pizza y nos la llevamos a casa. Subimos, le enseño un poco por encima el piso, yo no se porque pero estaba tensa.
Nos sentamos a la mesa y empezamos a comer y a hablar, hablar, hablar… comer y hablar, hablar y hablar. Pero es que solo hablaba él!!!!!!! Lo peor es que cuando por fin pude meter baza y empecé a hablar de mis vacaciones y de mi fin de semana en Bilbao, se pone a preguntarme por mi ex! ¡¿es que no podía hablar de otra cosa?! Era el tema que menos me apetecía tocar pero al final le conté lo de la boda y todo, y yo creo que le acojoné!
Y ya saqué el postre de choco y fue el único momento en el que dejó de hablar, debía de estar bueno, supongo
Y otra vez hablar, hablar, y hablar, hablar, hablar, hablar, que no es que a mi me moleste hablar pero, no se, pensaba que habría, a lo mejor, un besito. Yo intentaba buscar el momento pero tampoco quería cortarle para besarle. Si es que estoy un poco perdida en esto de las citas y tampoco quería que pensara que soy una golfilla! Ahora creo que me pasé de sosa.
De repente me doy cuenta de que son las seis menos cinco! Y tenía que ir al médico a las seis y cuarto. Así que ya tengo que cortarle y me levanto a recoger la mesa y me ayuda, vamos a la cocina y allí va y me da un beso, y yo otro, y le digo
- vaya, ahora que tengo que irme.. umm, no quería cortarte cuando estabas hablando...
- pues si hablo demasiado me lo dices tonta.- ¿Demasiado? Pero si no me has dejado hablar- pensé para mí. Pero ya no había tiempo para nada.
Nos vamos y nos despedimos con un beso y un “este fin de semana no estoy en Madrid, ya hablamos”.
Para mi fue una cita floja.





Escribe un comentario