El lunes me llamó Rober, después de un mes sin vernos y 15 días sin hablar. Me llamó sin más, como si nada, preguntándome por el verano y la vuelta al trabajo, y yo pues le hablé igual, como si no hubiera pasado el tiempo.

Quedamos en vernos el jueves, es decir: ayer.

Me llamó el miércoles para confirmar hora y lugar.

Por fin llegó el jueves. Habíamos quedado a las 21.00. Lo tenía todo organizado. Llegar a casa a las 15.30. Comer. Ir a correos (16.45). Ir al gimnasio (17.30). Comenzar a arreglarme (19.00). Todo organizado!

Realidad: me llama mi hermana y me pregunta dónde como porque ella come sola y no la apetece. Obviamente, la invito a comer. Cambio de planes. Vamos a correos pero antes pasamos por casa de un amigo a saludar (cambio de planes). Después de correos nos vamos a tomar una caña (cambio de planes) y después al cortinglés. Por fin a las 19.30 me dejan en casa y puedo empezar a arreglarme tranquila sin haber hecho nada de lo que había pensado. Me duele la tripita, estoy nerviosa. Y encima, nada más irse mi hermana, llama Rober:

-Buenas, que ya he terminado.

- ¿ya vienes para acá?- pregunto intentando contener un grito.

-Si, llegaré en unos cuarenta minutos.

Pufff…. 40 minutos!! Vale, tengo tiempo suficiente.

Depilación (¡menudo fallo!)

Ducha.

Secar el pelo.

Maquillaje

Elección de la ropa (la que elegí ayer no me gusta hoy)

45 minutos. ¡Bien! Por primera vez me alegro de que se retrase. Es lo bueno de vivir en un barrio en el que es imposible aparcar.

¡Ya estoy! Lo conseguí.

Suena el teléfono.

Perfecto.

- Ya bajo.

En el ascensor termino de abrocharme los zapatos.

Perfecto.

Saludo con dos besos. Yo me he lanzado a darle un pico, es la costumbre, pero él ya se había lanzado al beso en la mejilla. Va bien.

Nos vamos a tomar unas tostas a un bar más o menos cerca de casa, lo suficientemente lejos para que nos diera tiempo a hablar un poco antes de sentarnos pero cerca para que no pareciera que lo había buscado mucho. Cenamos bien. Sin parar de hablar, contándonos nuestro verano. Muy bien. Mucha risa. Como se ha portado bien al final le invito por mi cumple, que al fin y al cabo fue hace cuatro días.

Me acompaña a casa y empezamos a tontear, bueno, ya en la cena hubo algún comentario con doble sentido. Por fin en el portal la despedida nos empuja al beso que llevábamos toda la noche esperando.

Opción A.

Me acompaña a casa y empezamos a tontear, bueno, ya en la cena hubo algún comentario con doble sentido. Por fin en el portal la despedida nos empuja al beso que llevábamos toda la noche esperando. Y le doy un abrazo. Y volvemos a besarnos.

- Cuanto tiempo.

- He pensado en ti más de lo que te crees.

¿Qué quería decir con eso? Da igual, me ha gustado la frase. Me ha gustado la sensación. Me ha gustado el beso.

Me separo. Me agarra las manos.

- Te llamo la semana que viene.- ( me voy a Castellón el sábado)

- De acuerdo. Hablamos.

Más besos en el portal. Mimos, abrazos. Otro beso.

Sonrío al ver que se aleja.

Este chico me mata.

Opción B

Me acompaña a casa y empezamos a tontear, bueno, ya en la cena hubo algún comentario con doble sentido. Por fin en el portal la despedida nos empuja al beso que llevábamos toda la noche esperando. Y le doy un abrazo. Y volvemos a besarnos.

- Cuanto tiempo.

- He pensado en ti más de lo que te crees.

Ummm… me derrito. Es más de lo que esperaba escuchar. Un diablito y un demonio sobre mis hombros, no lo he escrito mal, no hay ningún angelito.

Vuelvo a besarle.

- No hemos tomado postre ni nada, es pronto, ¿te apetece una copa?

- Creía que no me lo ibas a pedir hoy - ¿hoy? Umm… qué curioso…

Besos en el ascensor, besos en el sofá, besos besos.

Sonrío al vestirme.

Este chico me mata.