Buen comienzo de semana...

Sí! El lunes volvió a llamar Rober y quedamos para tomar una copa. Quedamos en un bar que está al lado de mi casa y estuvimos hablando bastante: del verano, de mi nuevo sobrino, de su situación (se ha quedado en el paro) y bueno, un poco de todo. Y entre tanta charla muchos besos. Empezó él.

Por desgracia nos terminamos la copa y pedimos la cuenta. Yo me hubiera quedado allí hasta que nos hubieran echado, pero cuando no se puede, no se puede… Nos fuimos dando un paseo hasta mi portal, y allí nos despedimos. Esta vez no le dejé subir, (a pesar de que tenía muchas ganas) pero antes tenía que saber cual era nuestra situación, por eso, me tragué mis ganas y, después de un rato despidiéndonos entre besos y mimos, pregunté:

- ¿es que sólo quedamos para follar?

- Eso parece, es lo malo.

¡me quedé alucinada con la respuesta! ¿Qué quería decir exactamente? Supongo que está como yo. Le gusto pero, siempre hay un pero, no está seguro de querer empezar algo serio. Me dijo que no le diera vueltas, que no me comiera la cabeza y que me llamaría.

Esperé hasta el viernes y como no me había llamado le llamé yo. La conversación fue agradable, como siempre, se justificó por no haber llamado y poco más, ya me da lo mismo por que mientras este hace el tonto, otro chico hace muy bien sus deberes y eso que tiene todo en su contra el pobre.

Me refiero al chico de Bilbao, que casi todos los días me manda un mensajillo o me llama ¡y es tan tierno! Siempre con: mi niña, mi cielo, mi reina ¡ummm, qué chico! Y me dice:

- niña, que pena que estés tan lejos…

- en cuanto tenga dinero me bajo a verte.

- Súbete mi niña que no quiero estar solito cada noche…

- Cuídate este “finde” cielo..

Y muchas cosillas más.

Siempre dulce, siempre tierno.

Este fin de semana me subo a verle a Bilbao.