¡Por fin es viernes! Y esta vez la alegría es más real que nunca. Tengo el día libre en el trabajo para poder ir descansada en el viaje (de algo tiene que servir ser la hermana de la jefa, ¿no?). Antes de salir para Bilbao acompaño a mi hermana al pediatra con el enano ¡está guapísimo!
El viaje se pasó en un plis-plas. Era mi primer viaje sola y aunque al principio estaba un poco asustada luego me animé un montón según iba haciendo kilómetros. Con mi musiquilla, unos donetes, una bolsa de patatas fritas, una lata de coca-cola, la botellita de agua… vamos que parecía que iba de merendola!! Y como salí a medio día no encontré casi tráfico y pude disfrutar de la carretera como nunca lo había hecho.
Llegué a Bilbao sobre las cinco y mi vasco favorito no salía de trabajar hasta las 8.00. Perfecto. Tenía tres horas para perderme por el Guggemheim. Fue impresionante disfrutar sola del museo. Me sentí invadida por la belleza. Las esculturas de R. Serra estuvieron a punto de hacerme perder el sentido. Perdí la noción del tiempo girando en el acero. BRUTAL. A demás tuve la suerte de ver la exposición de Juan Muñoz con su sonido imperceptible, su realismo, el misterio teatral de su arte.
Tan ensimismada estaba que no escuché la llamada de Sergio. Pero a las ocho cerraban el museo y me echaron, literalmente. Tenía dos llamadas perdidas!!
Quedamos en la plaza donde está Puppy. Al vernos nos fundimos en un abrazo y un beso de esos como los de las películas. Sigue sin ser tan guapo como podría pensarse para hacerme 400 kilómetros pero ¡ay, qué amor! Nos fuimos a casa, cenamos y nos tiramos en el sofá a ver la de Wall-e, los robots nos ponen tiernos y no acabamos de verla. Tenemos pocas horas para estar juntos y se nota la presión del tiempo. Las conversaciones se entrecortan con los besos, los abrazos dejan paso a las risas. Alguna conversación seria se cuela entre tanta fiesta.
- Con lo difícil que es encontrar a alguien afín ¿por qué estás tan lejos?
- Eres tú el que te fuiste lejos a pasar el verano ¡un vasco en Conil! De punta a punta- le digo bromeando para calmar un poco la tensión.
Por fin Wall-e recupera la memoria y nos vamos a la cama. Todo es fácil. Nos dormimos pero nos despertábamos cada media hora abrazándonos, besándonos, sin poder dejar de acariciarnos. Al final parecía que no habíamos dormido nada entre tanta interrupción de mimos.
En el desayuno:
- Eres muy tierno para ser vasco- le digo tomándole el pelo.
Más risas. Nos vamos al centro, quedamos con sus amigos para tomar algo antes de comer. Todos me conocen. Increíble. Ya nos vamos a comer y decidimos ir a ver la iglesia de San Juan de Gaztelugatxe (bueno, espero que se escriba así) pero nada no fuimos capaces de encontrarla. Y llama a su padre y le dice:
- Aita, donde está la iglesia ésta, es que quiero ir con Sara.
Yo me quedo alucinada. Así, tan natural. Vamos, que su padre sabe quien soy y todo ¿sabrá que es ya la segunda vez que subo a Bilbao para ver a su hijo? Puff, madre mía, que chico, y parece un pasotilla…
Al final no llegamos pero en la búsqueda lo pasamos bien.
Volvemos para Bilbao y quedamos con otro de los amigos y ya nos vamos de copeteo. Genial. Unas cañas y un futbolín. Todos sus amigos muy simpáticos. Esta vez no me llamaron loca pero me miraban con interés. Sobre las once, después de haber hecho acto de presencia y de cumplir con los “compromisos sociales” nos escapamos y nos vamos a casa a disfrutar nuestra última noche juntos. Quizá realmente sea la última. No sabemos cuando vamos a poder vernos otra vez. Se supone que él va a venir a Madrid el fin de semana del 25 pero ¡falta tanto tiempo!
Una nueva noche genial.
- Es un placer dormir contigo. Este fin de semana te has ganado el que te llame mi vida- dice como si tal cosa, sin darle importancia, mientras yo sonrío como una tonta sin saber que decir.
Desayunamos disimulando, como si por no pensarlo no fuera a llegar la hora de marcharme, pero llegaron las cinco y ya se hacía tarde para la vuelta. Despedida rápida para no alargar la agonía. Un beso y un “ya hablamos” y de vuelta a los madriles.
El trato es sencillo, seguiremos así mientras:
a) yo no encuentre a un chico en Madrid
b) él no encuentre a una chica en Bilbao
c) hasta que uno de los dos haga el petate y se mude a la ciudad del otro.
Así de claro.
Mientras eso ocurre, sólo tres horas y media nos separan.





Que injusticia. Va a ser verdad lo de que las medias naranjas siempre están lejos. Aun así, es bonito. Un beso y bonito texto ^^
Pues si, justamente andaba pidiendo peras al olmo con un chico que no me da todo lo que quiero y aparece este chico tan majo pero ¡esta tan lejos! no se de momento que sea lo que sea.
Un saludo