Cuando ya me olvido de Roberto y centro todos mis pensamientos en el chico de Bilbao, regresa mi tormento. Como el Guadiana, así es Roberto. Aparece y desaparece y me deja alucinada con su naturalidad. Podría ser el chico de mi vida si se decidiera.
El jueves, mientras estaba preparando la maleta para irme a Bilbao, suena el móvil y en la pantalla aparece el “No llamar” que había puesto para sustituir el nombre de Rober, por si la voluntad me fallara, que un último mensaje me hiciera cambiar de idea y no llamar (realmente este truco funciona). Tras mirar la pantalla unos segundos, respirar, sonreír y humedecerme los labios, descuelgo el teléfono:
-Buenas..!! (es nuestro saludo un “buuuenas” largo)
- ¿Qué tal vas?- pregunta como si tal cosa
- Pues aquí jugando con la gata- miento ¡no voy a decirle que me marcho 400km. para ver a otro tío, se supone que este chico me gusta!
- ¿Te apetece tomar algo esta noche?
- Genial, por que mañana no madrugo blabla bla
Pues eso, que al final quedamos y fuimos al mismo irlandés en el que habíamos estado el lunes de la semana anterior, porque tiene sillones y se está muy a gusto, es muy para ir en parejilla. Como siempre nos saludamos con un pico. Y yo me pregunto si por algún casual, algún día, de casualidad, nos encontramos y vamos con otras personas ¿nos vamos a saludar así o vamos a hacer el idiota y darnos dos besos? Bueno, ya lo veremos cuando suceda…
El caso es que estoy muy a gusto cuando estoy con él, aunque esta vez, no se me aburrí un poco, le veo algo soso, repetimos conversaciones y eso no mola, por un momento me recordó a mi ex y eso no mola nada, nada, nada. Es como si estuviera cortado ¡y ya llevamos casi 6 meses tonteando!
Pero al final me pierden sus besos… esta vez no me hice la dura y subimos a mi piso. Muy bien, besitos, caricias, vamos a más, nos animamos, nos derramamos, descansamos, busco algo más pero… una y no más Santo Tomás. ¡¿qué?! No estoy yo para perder el tiempo con flojos.
Con educación le despido, ya quedaremos otro día, si estoy cansada.





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